Así de "concurrido" relucía el presbiterio de la Catedral de Pamplona a la hora del Rosario de los Esclavos y posterior Vía Crucis de la Hermandad de la Pasión. No era para menos, al hecho de vivir el Viernes de la Tercera Semana de Cuaresma, se unía el multitudinario acto -en comunión con el papa Francisco- de Consagración de Ucrania y Rusia a la Virgen de Fátima, implorando la paz. Santa María la Real estaba acompañado por Cristo Crucificado, el busto-relicario de San Francisco Javier, en su año jubilar, y la tan querida imagen de María en su advocación de Nuestra Señora de Fátima. Una imagen para la historia, y para acercarnos un poquito el Cielo a la Tierra.


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