jueves, 16 de diciembre de 2021

PROFUNDIZANDO EN EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN

  IV DOMINGO DE ADVIENTO C (Lucas 1, 39-45) CAMPAÑA DE NAVIDAD DE CÁRITAS

     A pocos días de la Navidad, la visita de María a su prima Isabel  nos ayuda a profundizar en el misterio de la encarnación. Jesús está escondido en las entrañas de su madre, pero su acción salvífica ya se percibe en el mundo. Lo hace a través de María, la más fiel colaboradora de su Hijo, puesta totalmente a su servicio de venir para cumplir la voluntad del Padre. Así, se dirige con prisa a la montaña para compartir su fe y para ejercer la caridad. La visita de María suscita alegría, como reconoce Isabel al sentir que Juan salta en su interior. Es bueno pensar y agradecer por haber recibido el don de la fe. Quien tiene fe no deja de sorprenderse y agradecer, pues somos conscientes de que la fe nos ha sido dada. Pidamos a la Virgen que nos enseñe a recibir a Jesús con fe, como hizo ella, y también a aprender a llevarlo a los demás.

Por otra parte, hoy se celebra la colecta anual de Navidad pro Cáritas. La Iglesia que peregrina en Navarra pide nuestra ayuda económica y oración para colaborar con esta gran obra.


(Fuente:  David Amado Fernández, revista Magníficat)

 Lecturas de la Misa de este Domingo.

http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2021-12-19

 


jueves, 9 de diciembre de 2021

MOTIVOS DE SOBRA PARA ESTAR ALEGRES

 III Domingo C (Evangelio: Lucas 3, 10-18)

             La tercera semana de Adviento es un canto a la alegría. Juan, que fue anunciado como portador de alegría, señala que la auténtica alegría está en Jesús, que «bautizará con Espíritu Santo y fuego».

La salvación no la alcanzamos por las propias fuerzas. Sabemos que el don viene de lo alto, como un regalo inmerecido. El Bautista habla de lo que para nosotros es posible. De esa manera también podemos llegar a descubrir que necesitamos una transformación más profunda, fuera ya de nuestra capacidad, que es la que viene a realizar Jesucristo. El bautismo de Juan es penitencial, invita a reconocer nuestra limitación y nuestro pecado; el de Jesús es «con Espíritu Santo», y por lo tanto es sanador y transformador.

Tenemos motivos de sobra para estar alegres porque, en cualquier circunstancia, podemos encontrarnos con Cristo y experimentar su salvación. Para ello es preciso reconocer el amor del que estamos necesitados y que solo él nos puede dar.

 (Fuente: David Amado Fernández, revista Magníficat)

 Lecturas de la Misa de este Domingo.

http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2021-12-12



 

martes, 7 de diciembre de 2021

UN BELÉN QUE ESTIMULA LA MEMORIA A LAS PUERTAS DEL AYUNTAMIENTO, Y DE LA NAVIDAD

 Don Ángel Garayoa Urrestarazu, padre de nuestro hermano, David Garayoa,  nos acerca la Navidad.

Crónica de Pilar Fernández Larrea, publicada en DIARIO DE NAVARRA el pasado domingo 5 de diciembre de2021.


Ángel Garayoa y su sobrino Jesús Rezusta firman el belén del zaguán del Ayuntamiento de Pamplona. Recrea la plaza de la Virgen de la O, con su antigua ermita y una treintena de personajes, algunos reales, que retratan la vida cotidiana en los 50


Ángel  Garayoa Urrestarazu, 77 años, nació en el barrio de San Pedro de Pamplona, extramuros entonces. Debió ser un muchacho atento y curioso, se la imagina una observando a aquellas gentes que poblaban la ciudad en los años 50 y cómo ha congelado en su memoria esas escenas cotidianas. Ahora, las cuenta a través de un belén; otra forma de transmitir. Hay quien las escribe, dibuja, pinta.... él ha hecho figuras en barro y ha levantado edificios en porexpán con ayuda de su sobrino Jesús Rezusta Sada, 41 años. Ambos son autores del belén instalado este año en el zaguán del Ayuntamiento de Pamplona. Inspirado en la plaza de la O, con su antigua ermita, con perspectiva y escalas, una curiosa crónica que invita a adentrarse e imaginar un día cualquiera de mediados del siglo pasado.

Ángel Garayoa recuerda a su madre poniendo el belén en casa, una tradición que siguieron los hijos, Ángel y Juan Luis. Ambos entraron en 1971, hace 50 años, en la Asociación de Belenistas de Pamplona. “Y siempre juntos los dos hermanos. Hacía tiempo que teníamos en la cabeza la idea de la plaza de la Virgen de la O, habíamos sacado fotos, consultado otras antiguas, tomado medidas... pero en septiembre del 20 murió Juan Luis”, revela Ángel, hombre de porte ligero y mirada humilde. En tantos años, describe, han hecho belenes “de muchos tipos” y pensaron en este rincón de Pamplona porque es adecuado, “una plaza recogida y con una capilla dentro y en una ciudad recoleta como era entonces”. La ermita original, apunta, se derribó en 1986, y en 1955, un abrevadero; se reproducen en el belén que muestra, dentro del mismo, un Nacimiento.


También han configurado el abanico de viviendas, algunas desaparecidas, así como el convento de los Carmelitas y la iglesia de San Lorenzo, al fondo. Este es el escenario en vertical que acoge debajo a la sucesión de personajes, un recorrido de un vistazo por la Pamplona de antaño; algunos son reales, otros representan oficios de la época. Acostumbrados a imágenes en blanco y negro, el color concede mayor realismo.


Jesús Rezusta, monitor de tenis, se recuerda de niño “jugueteando por Cristo Rey rodeado de belenes mientras su tío faenaba con la precisión de un cirujano en un mundo de fantasía, con la pretensión de anunciar el nacimiento de Jesús de Nazaret. Le sedujo aquello y hace un puñado de años se apuntó a un cursillo de la asociación. Este ha sido el primero en que tío y sobrino trabajan juntos. Han invertido muchas horas en el taller de San Jorge, desde el 1 de marzo, primero unas nueve por semana. En el último mes, hasta el 1 de noviembre que acabaron, iban a diario. Y han dedicado tiempo en casa; Ángel hizo todas las figuras durante el confinamiento; después reparó en los detalles; Jesús, los balcones y las 16.500 tejas talladas una a una en porexpán.



1. Empleado de limpieza que tocaba la corneta cuando llegaba el camión de la basura.


2. Vendedor de leña


3. Lechera


4. Barquillera


5. Afilador


6. Colchonero


7. Belenista


8. ‘Tocamari’


9. Sabino, jugador de Osasuna


10. Carmelita


11. Capuchino con la cesta de verduras para los bienhechores


12. Persona sin piernas


13. Portalero


14. Maca


15. Sacerdote


16. Mielero


17. Bombero


18. Monja Hija de la Caridad


19. Niñas y niños jugando


20. Lacero que recogía perros vagabundos


21. Policía Municipal


22. Mujer que reparaba paraguas


23. Castañera


24. Vendedor del periódicos...



Fotografía: José Antonio Goñi


lunes, 6 de diciembre de 2021

DISPONIBILIDAD QUE ACOMPAÑA A LA INOCENCIA

 Solemnidad de la Inmaculada Concepción (Lucas 1, 26-38)

 

 En el relato de la Anunciación vemos que Dios quiso entrar en el mundo contando con el consentimiento humano. Ese papel lo asumió la Virgen María. Predestinada por  Dios

y libre de toda mancha de pecado desde su concepción, la Virgen respondió con total docilidad al plan de Dios. Ella no tiene nada que esconder ni tampoco se oculta a la mirada de Dios. Es la disponibilidad que acompaña a la inocencia. En ella comprendemos que cuanto más unidos estemos a Dios, más fácil nos resultará conocer lo que Él quiere de nosotros y estaremos más dispuestos a cumplirlo.

  (Fuente: David Amado Fernández, revista Magníficat)

 

Lecturas para la Misa de esta Solemnidad

http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2021-12-08

 


viernes, 3 de diciembre de 2021

SAN FRANCISCO JAVIER, único navarro universal.

 Artículo de nuestro prior don Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza, publicado en Diario de Navarra en el día de San Francisco Javier de 2021.



Hay muchos navarros prestigiosos, pero sólo uno de talla universal. Si uno viaja a Bielorrusia, puede encontrar una catedral dedicada a San Francisco Javier en Grodno; pero la misma sorpresa se puede llevar con las catedrales de Adelaida (Australia), Lucerna (Suiza), Bangalore (India), Chicoutimi (Canada), Nassau (Bahamas) o Kabankalán (Filipinas). Si se recorre España es fácil encontrar calles dedicadas al santo navarro en Salamanca, Barcelona, Jaén, Santa Cruz de Tenerife, Lérida, Vitoria, Granada o Elche, y una gran avenida en Sevilla. Pamplona le dedicó una pequeña calle en 1886, pero Montreal (Canada) se le adelantó más de dos siglos. Y se puede pasear por calles que llevan su nombre en Bombay (India), Denver (USA) o Pfullendorf (Alemania), Las iglesias, los retablos o los cuadros son incontables por el mundo entero; incluso hay estatuas suyas en la vía pública, como la colocada en la columna de la Trinidad en la ciudadela de Budapest, conmemorativa de su reconquista cristiana en 1686, o en el monumento de los Descubrimientos de Lisboa. Y también está presente en el antiguo Saigón o en modestísimas iglesias como la de Yaokofikro (Costa de Marfil). Y en prestigiosas universidades americanas en Ohio, Nueva Orleans o Chicago, pero también en otras de Canada (Antigonish) o la India (Calcuta, Bombay o Bhubaneswar).

 

A la luz de estos ejemplos y de otros más que se podrían aportar, conviene preguntarse qué hizo un caballero navarro para convertirse en un referente universal de la Iglesia Católica. Fue un misionero que agitó con su predicación las tierras de Asia y casi coetáneamente sus cartas hicieron vibrar a Europa, hasta provocar una riada de misioneros durante cinco siglos. Prolongó su influencia en el tiempo y en quienes le invocan con plegarias y devociones o llevan su nombre, no sólo navarros, sino españoles y europeos de todo tipo, como el compositor del villancico Noche de paz en 1817 (el austriaco Franz Xaver Gruber) o un presidente de la Comisión Europea (el francés François Xavier Ortolí entre 1973 y 1977).

 

Universitario ante una encrucijada

 

Último hijo de Juan de Jaso y María de Azpilcueta, Francisco nació en Javier el 7 de abril de 1506. Salido de Navarra en 1525, era un noble que buscaba en la universidad de París títulos universitarios con los que poder lucrar cargos en la Iglesia o, como su padre, en la Administración para tener poder y riqueza, que contribuyeran a reforzar su linaje. Consiguió el título de “Maestro en Artes” (un “master” actual) e inició el doctorado en teología. Hasta que se le cruzó un compañero de dormitorio, Íñigo de Loyola, que le convenció para sumarse a un proyecto religioso que pretendía reformar y fortalecer a la Iglesia Católica, sacudida por la reforma protestante, y a la vez impulsar su expansión fuera de Europa, en un mundo ampliado desde el Extremo Oriente a América, que había sido rodeado por la expedición española que culminó el guipuzcoano Sebastián Elcano poco antes, en 1522.

 

Con una fuerza y una rotundidad que hoy siguen estremeciendo, Francisco renunció a todo: a su familia, a su prestigio nobiliario, a un puesto en el cabildo de la catedral de Pamplona, a posibles cargos futuros, a cualquier atisbo de riqueza y poder, a todo. Y lo hizo para dedicar su vida, por entero, a Dios y a la Iglesia Católica.

 

El proyecto de la Compañía de Jesús

 

Interpelado por la frase evangélica (“De qué le vale al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma” Mt 16, 26), decidió incorporarse al proyecto religioso de Íñigo de Loyola, que empezó a cuajar en 1534, cuando siete hombres hicieron votos solemnes en la capilla de Montmartre. Cuatro años de idas y venidas por Italia (1536-1540) permitieron que el proyecto cuajara en la Compañía de Jesús, vertebrada por los Ejercicios espirituales del futuro San Ignacio, cuyo principio y fundamento era taxativo: “El hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su ánima”. Sólo había que desear lo que conducía a ese fin y todo lo demás debía examinarse desde la “indiferencia”. Además, el seguimiento de Cristo debía hacerse desde la identificación total con la Iglesia: “Depuesto todo juicio, debemos tener el ánimo aparejado y pronto para obedecer en todo a la verdadera esposa de Cristo nuestro señor, que es nuestra santa madre la Iglesia jerárquica”.

 

En definitiva, Ignacio buscaba hombres plenamente entregados a Cristo y a su Iglesia, capaces de acometer cualquier tarea, con total entrega y plena obediencia, desprendiéndose de todo lo demás. A este esquema respondió totalmente la vida de Javier, sin duda el discípulo más identificado con los planteamientos de Ignacio. En 1540 Francisco actuaba como secretario de Ignacio y entrambos trabajaban el texto básico que definió la Compañía de Jesús y quedó plasmado en la Bula papal de fundación. En sus primeras líneas se proclamaba: “Todo el que quiera militar para Dios bajo el estandarte de la cruz en esta Compañía… fundada principalmente para emplearse en la defensa y propagación de la fe y en el provecho de las almas en la vida y doctrina cristiana…”. Una circunstancia fortuita, como fue la enfermedad de un compañero, hizo que Ignacio encomendara a Francisco el segundo de estos fines, la propagación de la fe. Y Francisco lo aceptó con prontitud, con determinación, con rotundidad… y a ello dedicó su vida, hasta la extenuación y la muerte.

 

El rey Juan III de Portugal, conocedor de las virtudes de los nacientes jesuitas, quería a varios de ellos para dinamizar las misiones de la India y el Oriente, donde Portugal estaba configurando desde hacía treinta años un imperio comercial. Ignacio designó a Francisco Javier y Simón Rodríguez, que en cuestión de días, sin apenas equipaje, salieron de Roma hacia Portugal. Allí el jesuita navarro esperó casi un año hasta que partió la flota anual hacia la India, el 7 de abril de 1541, cuando cumplía 35 años.

 

El breve de Paulo III que le nombraba nuncio papal fijaba su tarea: “dirigirse cuanto antes a aquellas islas, provincias y lugares para fortalecer en la Fe a aquel joven rebaño y atraer a los demás a conocerla y abrazarla por medio de la predicación del Evangelio… y con el ejercicio de buenas obras”. La misión estaba clara: fortalecer la fe de las jóvenes comunidades cristianas y extender esa fe, haciéndolo con urgencia, cuanto antes. Ese mandato papal presidió su labor infatigable, sin descanso, durante diez años. Javier lo llevó a cabo según quería la bula fundacional de la Compañía: “como soldado de Dios que milita bajo la fiel obediencia del papa Paulo III”.

 

Solo por mar recorrió más de 75.000 kilómetros, casi dos vueltas a la Tierra, en viajes largos, difíciles, arriesgados, en los que se sobrepuso tanto a calmas chichas como a monzones y tempestades. Los desplazamientos por tierra tampoco estuvieron exentos de penalidades, especialmente en Japón.

 

Misionero de multitudes en la India

 

Los tres primeros años de su misión (1542-1545) los dedicó exclusivamente a la India y lo hizo empezando por Goa, capital del dominio portugués, para fortalecer su vida cristiana. Desplegó intensas campañas de evangelización para reavivar la vivencia de una fe adormilada y de una práctica sacramental abandonada. Pero el primer paso fue la caridad: la atención a los enfermos de los hospitales, a los que consolaba material y espiritualmente, y luego a leprosos y presos. Después venían las catequesis de niños, a las que seguían las de adultos, portugueses o indígenas.

 

El siguiente campo de actividad fue la costa occidental de la India. Siguieron los paravas del extremo meridional de la costa oriental, nada más doblar el cabo Comorín. Campana en mano, pasó un año evangelizando a estos pescadores de perlas. Hechos milagrosos asentaron su fama, mientras que la defensa que hizo de ellos más tarde frente a sus opresores badagas cimentaron su credibilidad, hasta hacer de ellos un pueblo cristiano. Hoy los paravas siguen considerándolo su padre en la fe. También en la costa occidental de Travancor los bautismos fueron multitudinarios: “Es tanta la multitud de los que se convierten a la fe de Cristo en esta tierra donde ando, que muchas veces me ocurre tener cansados los brazos de bautizar…”.

 

Y, además de predicar y convertir, fue preciso organizar las misiones de Pesquería y Travancor: liturgia, administración de sacramentos, caridad y reparto de limosnas, pacificación de enemistades, visita a enfermos, relaciones con las autoridades portuguesas… Con una recomendación a los que le siguieron como misioneros: “Haceros amar… así haciendo buenas obras, como con palabras de amor…”.

 

Indonesia: desde Malaca hasta las Molucas

 

Después de un sereno discernimiento San Francisco Javier emprendió una segunda etapa (1545-1549) en la que su objetivo fue la zona más alejada del imperio portugués, las Islas de las Especias, con cuyo comercio los lusitanos obtenían amplias ganancias. Fueron idas y venidas, alternadas con estancias en Goa. Su centro operativo se situó en Malaca, la ciudad que controlaba las comunicaciones entre el Océano Índico y el archipiélago malayo. Repitió el esquema de Goa: atención a hospitales, catequesis de niños y conversos recientes, predicaciones públicas. La novedad fueron los esfuerzos desplegados para pacificar enemistades tanto entre los soldados de la guarnición como entre la población en general. Aunque consiguió numerosas conversiones, no pudo encauzar la mala vida de bastantes portugueses.

 

En 1546 llegó a Amboino, de donde pasó a Cerán; en el viaje un golpe de mar le arrebató el crucifijo, que un cangrejo le devolvió en la playa. Llegó hasta el extremo de las Molucas, donde pasó un año entre Ternate y la isla del Moro, alternando los frutos conseguidos en la primera con los peligros sufridos en la segunda para atender a una treintena de comunidades cristianas, rodeadas tanto por musulmanes como por paganos cazadores de cabezas humanas.

 

Japón: una evangelización diferente

 

Durante una estancia en Malaca (1547) Javier conoció a Anjiro, un samurai huido de Japón, que le abrió un escenario nuevo para sus expectativas misionales. La decisión de llevar la fe a Japón era un paso más en el cumplimiento del encargo papal de atraer a nuevos pueblos a la fe cristiana. También era un ámbito diferente. Hasta entonces Javier se había desenvuelto en el imperio portugués o en sus aledaños, sostenido por las autoridades portuguesas. Aunque la expedición (1549-1551) contó con el apoyo portugués, el Santo se movió en una realidad diferente, en la que carecía de la protección del poder público.

 

Una segunda novedad fue el cambio en los planteamientos y los modos misionales de Javier. Las predicaciones multitudinarias y las catequesis dirigidas al aprendizaje memorístico se demostraron inútiles ante un pueblo como el japonés. Eran “gente de mucha razón”, acostumbrados a preguntar y debatir, para luego comprobar si existía coherencia entre la doctrina y las formas de vida de quien la pregonaba. Anjiro le anunció que “si hiciese dos cosas, hablar bien y satisfacer a sus preguntas, y vivir sin que me hallasen en que reprenderme, se harían cristianos”. En esta tesitura resurgió el intelectual y el universitario, dotado de abundante bagaje filosófico e incluso formación técnica en cuestiones de astronomía y otros saberes. Gracias a todo ello le consideraron “hombre docto” y dieran crédito a sus palabras.

 

Pero los frutos tardaron. Un año en Kagoshima se saldó con apenas un centenar de conversiones. Javier y los jesuitas españoles que le acompañaban decidieron viajar en invierno hasta Kyoto para obtener del emperador un permiso de predicación que les abriera las puertas de la sociedad japonesa. Pero el emperador no les recibió. A su vuelta, el éxito les sonrió en Yamaguchi, donde el señor feudal les apoyó y consiguieron un millar de conversiones. Fueron cinco meses de cosecha, en los que se cumplieron las predicciones de Anjiro. Un estancia en Bungo, llamado por el señor feudal, marcó el final de la evangelización de Japón.

 

Morir a las puertas de China

 

La dependencia cultural de Japón con respecto a China convenció a Javier de la necesidad de expandir la fe cristiana en este país, de tal forma que sirviera de estímulo para la conversión de los japoneses. Esta reflexión y el siempre presente mandato del Papa de agregar nuevas gentes a la Iglesia aconsejaron a Javier el intento de penetración en China (1552), que lo acometió entre grandes dificultades. El capitán de Malaca le negó una embarcación y China prohibía la entrada de extranjeros. Era preciso infiltrarse en el país, evitar la muerte y obtener un permiso imperial para predicar.

 

Un junco pirata le llevó hasta Sancián, un islote situado junto al puerto chino de Cantón. Allí, esperando la llegada de un mercader chino que le introdujera en el país, enfermó y contrajo fiebres que minaron un cuerpo exhausto por los trabajos de diez años. En la madrugada del 3 de diciembre de 1552 Javier expiró.

 

Los milagros y el milagro misional

 

Fueron muchos los hechos extraordinarios o milagrosos, que rompieron las leyes de la naturaleza y a través de los cuales Dios afianzó la acción evangelizadora de Javier (curaciones, profecías, visiones de acontecimientos que ocurrían lejos de su ubicación, etc.), como bien reconoció la bula de canonización de 1622, de la que se cumplirán cuatro siglos en los próximos meses.

 

Pero probablemente el mayor milagro de Javier fueron sus cartas, que ya durante su vida se expandieron como un reguero de pólvora por Europa, leídas por reyes, papas, universitarios, clérigos y gentes de todo tipo. Desencadenaron un torrente de vocaciones misioneras que se ha mantenido durante cinco siglos y que hicieron de San Francisco Javier, por sus hechos y por su influencia, no sólo el Patrono de Navarra sino el Patrono de las Misiones de la Iglesia Católica.



San Francisco Javier en el Monumento a los Descubrimientos (Lisboa).



Catedral de San Francisco Javier en Grodno (Bielorrusia).

TOTALMENTE PENDIENTES DE QUIEN ESTÁ POR VENIR

 I Domingo de Adviento C (Lucas 3, 1-6)

            La historia humana y la Revelación se dan la mano. En esta historia la Palabra de Dios viene sobre Juan y sobe nuestra historia personal para que preparemos el camino del Señor, allanando, elevando, rebajando, enderezando. De lo que se trata es de convertirnos y de -como Juan- estar totalmente pendientes de quien está por venir.

        

(Fuente: Josep Giménez Meliá, SJ. “Evangelio Diario en la Compañía de Jesús”)

 Lecturas de la Misa de este Domingo.

http://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2021-12-05