Solemnidad de Santiago Apóstol, patrono de España (Mateo 20, 20-28)
Para
nosotros, beber el cáliz del Señor tiene resonancias inefables, porque nos
evoca la realidad de la Eucaristía y la posibilidad de irnos transformando por
la comunión, para que la vida del Señor se manifieste en la nuestra. Es el amor
lo que le lleva a entregarse a nosotros para que podamos estar con él para
siempre.
El apóstol Santiago, tan unido a la historia de la Iglesia
en España, también fue transformado de esa manera. Podemos decir que no anuló
su deseo, sino que lo aquilató hasta identificarlo con el de Jesucristo, de
manera que ya no deseaba un lugar de honor, sino que todos pudieran participar
de la salvación. Tuvo la suerte de ser el primero de los apóstoles que derramó
su sangre por Cristo y san Lucas, que nos narra la muerte de Santiago, añade:
«Mientras tanto la palabra del Señor crecía y se multiplicaba». Es una frase
tremenda que confirma que los poderes del mundo no pueden nada contra Dios.
Pero para eso hay que estar dispuestos, como lo estuvo Santiago, a llevar hasta
el final el «no será así entre vosotros».
LECCIONARIO
IV – LECTURAS DE LA MISA (wordpress.com)

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