Blog de los hermanos y hermanas portadores del Paso de la Caída. Hermandad de la Pasión del Señor. Pamplona.
jueves, 16 de septiembre de 2021
EL MÁS GRANDE, EL MÁS PEQUEÑO.
XXV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B san Marcos (9,30-37):
Ante el mensaje de Jesús sobre el destino al que se encamina Él, y todo el que le siga, los discípulos no sólo no entienden, sino que parecen no querer entender nada, ocupándose en discutir quién es el más grande entre ellos. La sentencia de Jesús al respecto es tajante: el más grande es el más pequeño.
(Fuente: Josep Giménez Meliá, SJ. “Evangelio Diario en la Compañía de Jesús”)
Lecturas de la Misa de este Domingo.
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2021-09-19
lunes, 13 de septiembre de 2021
jueves, 9 de septiembre de 2021
PENSAR COMO LOS QUE RECHAZARÁN AL MESÍAS
XXIV Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B san Marcos (8,27-35):
El conocimiento de Cristo como Persona divina, es decir, como Señor y Salvador, pasa por compartir su vida y su misión. Se comprende a Cristo a través de los pasos de una existencia realizada en la adhesión a él precisamente porque él es el Señor de la vida y la vida verdadera se conoce solo viviéndola, implicándose en una relación de amor. Lamentablemente nos vemos dominados por un pensamiento conforme a las dimensiones más terrenas de la naturaleza humana, con un egocentrismo deseoso de poder, que va en busca de estrategias y subterfugios para exaltarse a sí mismo. Éste es precisamente el pensamiento de aquellos que rechazarán al Mesías.
(Fuente: P. Marko Ivan Rupnik, SJ, revista Magníficat)
Lecturas de la Misa de este Domingo.
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2021-09-12
viernes, 3 de septiembre de 2021
SÉPTIMO CENTENARIO DE LA NAVARRERÍA Rafael Arrizabalaga Lizarraga en DIARIO de NAVARRA
Séptimo centenario de la Navarrería Rafael Arrizabalaga
MIRADAS A LA HISTORIA El autor recuerda que hace 700 años
que se inició la repoblación de la Navarrería, el barrio de Pamplona más
próximo a la Catedral y que había quedado completamente destruido (excepto la
seo) durante la guerra de 1276
ESTOS días, la Navarrería de Pamplona cumple 700 años desde
que inició su repoblación en 1321.
“Habríais visto destruir la Navarrería de tal manera que no
podíais estar bajo un techo ni un mes; antes bien podríais cortar hierba y
sembrar trigo”. La célebre frase del poema de Anelier ilustra con claridad en
qué estado de destrucción quedaron la ciudad de la Navarrería y el Burgo de San
Miguel tras la llamada guerra de la Navarrería de 1276.
Se hicieron varios intentos repobladores que no llegaron a
materializarse pero todo cambió en el verano de 1319, cuando se reunieron en la
corte de París el autoproclamado rey de Navarra Felipe II el Luengo (Felipe V
de Francia) y el obispo de Pamplona don Arnalt de Barbazán en representación
del capítulo de la Catedral de Pamplona. Ambas instituciones firmaron una
concordia sobre la jurisdicción de la ciudad. Un año después el rey cursó orden
a su gobernador para que se cumpliese el acuerdo y en el verano de 1321 se
iniciaron las obras de urbanización tras 45 años de total abandono.
Muy pocos edificios debieron sobrevivir a la desolación,
entre ellos la Catedral románica que mantuvo su actividad e incluso comenzó la
construcción del fantástico claustro gótico que hoy podemos visitar. Del resto
de edificios nada sabemos, salvo que se mantuvieron algunas iglesias (Santa
Cecilia, San Prudencio y San Tirso), algunas casas de eclesiásticos junto a la
catedral y poco más. También sabemos que sobrevivió parte del recinto
amurallado.
Una vez firmado el acuerdo, y salvados los diferentes
escollos que se fueron presentando, tocaba el turno de poner en marcha el
equipo técnico necesario para conseguir el objetivo, con dos funciones
principales: llevar a cabo las obras de urbanización, y vender los solares
resultantes. Para ello se nombraron dos comisarios: Simón Martínez abad de
Baigorri y Pedro Lópiz de Tajonar, quienes redactaron (con fecha 1 de enero de
1322) el primer registro que definió los pagos de las rentas de las parcelas de
1321.
De este primer censo se extrae la siguiente información:
Sancho de Sarriguren y Pedro del Poz fueron los encargados
de señalizar los viales y delimitar las parcelas residenciales (“mesurantibus
vicos et domos ciuitatis Nauarrerie Pampilone”). Empezaron a trabajar el 20 de
agosto de 1321, terminando su labor el día 8 de octubre de ese mismo año.
A los carpinteros Pedro de Olayz y Martín Roderii de Sancto
Martino, les pagaron un salario de 16 días por hacer estacas.
En el siguiente apunte se abona la madera necesaria para
fabricar las estacas (“Pro 23 duodenis lignorum vocatorum barzas”).
Una cuadrilla de 11 hombres fue la encargada de realizar la
calçata de las calles.
También se incluyen los gastos ocasionados por un viaje que
realizaron los comisarios a Olite para reunirse con el gobernador, quien les
comisiona para que inicien la construcción del chapitel.
Finaliza con el pago de las nóminas de los comisarios y los
gastos de tinta y pergamino “pro libris compoti”.
Las intenciones urbanísticas quedaron escritas en el
documento denominado Privilegio de Carlos el Calvo, escrito en Paris y fechado
en junio de 1324. En el documento se menciona el principal objetivo del rey
“que desea que esta ciudad se pueble de modo y forma en la que está iniciada la
empresa” y describe una serie de calles que unen la catedral con el burgo de
San Nicolás, el hospital de San Miguel con la iglesia de Santa Cecilia y el
portal donde los caballos bajaban a abrevar (actual portal de Francia) con la puerta
de la Galea.
Las calles ya están trazadas y se han distribuido las
parcelas en el nuevo entramado urbano que, en gran medida, ha perdurado hasta
nuestros días.
Al primer conto de 1321 le siguieron otros 42 censos que se
conservan en el Archivo General de Navarra. Se trata de un conjunto de
registros clave para entender lo que ocurrió durante los años de repoblación:
se van a arrendar las parcelas (plateas o plaças) y van a ser documentadas en
censos anuales.
Lo primero a tener en cuenta es que todos estos registros
mantienen un escrupuloso orden en la colocación de las calles y una meticulosa
sucesión de nombres de las personas que van a realizar cada pago. No están
colocadas sin más. El abad de Baigorri inició en 1321 un método que se repitió
sin alteración hasta el último de los contos de la Navarrería en 1369, y
termina ese año porque el rey Carlos II vende las parcelas a sus vecinos.
La cuantía a abonar se hacía en función de la superficie de
parcela que se adquiría, pagando las calles más atractivas 6 dineros, las de
interés medio 4 y el resto 2 dineros anuales, en una fórmula relacionada con el
codo como unidad de medida. Sirva como ejemplo una de las primeras parcelas
registradas: “De platea Garssie Sancii de Garralda, VI s”, 6 sueldos que
equivalen a 186m2 de terreno correspondiente al actual solar de la calle Curia
nº18. En pocos años se fueron ocupando todas las plateas disponibles y la
ciudad se repobló de forma ordenada.
Físicamente la Navarrería se dividió en dos sectores
residenciales: los barrios cristianos y la judería. También se incluyeron
espacios de actividades comerciales: como el chapitel y la alcaicería.
Tras la expulsión de los judíos en 1498, los terrenos de la
judería se ocuparon con nuevas edificaciones que destruyeron la anterior trama
urbana.
De los 13 vicos, barrios, rúas o calles en que se dividen
los registros de contos de los barrios cristianos de la Navarrería, actualmente
podemos pasear por la mayoría de ellos: El vico Maiori o rúa Mayor se
corresponde con las actuales calles Curia y Mercaderes, el barrio de “Areis” o
“Las Eras” es la actual calle Estafeta, el “vico Meiano” o Mediano se
corresponde con las calles Calderería y San Agustín, el barrio de “Englentina”
son las calles Compañía y La Merced, “San Martín” era la actual calle Tejería,
el barrio de la “Mulatería” corresponde a la actual calle Mañueta, “Santa
Cecilia” comprendía la manzana entre las calles Curia y Navarrería y los
últimos números impares de la calle Navarrería, “Peregrinos” abarcaba el resto
de números de la calle Navarrería y la totalidad de la calle del Carmen, “San
Pedro” era la calle Dos de Mayo y, por último, el barrio de “Cimiterio”
corresponde con la Plaza de San José y la calle Redín.
Con las mejoras de la fortificación de la ciudad promovidas
por el rey Carlos II en 1363, se perdieron los barrios de “Çuriburbu” (situada
en parte de la Plaza del Castillo) y “Altalea” (con un trazado muy similar a la
actual calle Santo Domingo). Por último, el barrio “Sant Meteri” o San
Emeterio, era una calle que estaba situada en el actual Departamento de Cultura
del Gobierno de Navarra (anterior Escuela de Empresariales), con un trazado que
nacía en la puerta de la catedral y llegaba hasta el actual paseo del Redín.
También desaparece el chapitel y las tiendas de su
alrededor, junto con el castillo de Luis Hutín. Las casas de la actual calle
Chapitela y parte de la Plaza del Castillo se construyeron en estos terrenos.
Recientemente se ha publicado un primer artículo en la
revista Príncipe de Viana y están pendientes de publicación otros dos más, que
desarrollan todo el estudio de investigación que aquí se expone
superficialmente. El trabajo recoge una extensa labor de búsqueda y
localización de cada vecino referenciado en los registros medievales, para
ubicarla físicamente en las calles actuales de la Navarrería. El resultado
final es fantástico porque nos permite descubrir el nombre de sus primeros
habitantes.
Hoy podemos celebrar que la Navarrería cumple 700 años del
inicio de aquel renovado trazado urbano que iniciaba su repoblación en aquel
verano de 1321, ¡felicidades!
Rafael Arrizabalaga Lizarraga es arquitecto.
Foto: Jesús Garzarón
miércoles, 1 de septiembre de 2021
ABRIRSE A LA REALIDAD, AL PRÓJIMO Y A DIOS.
XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, ciclo B, (san Marcos 7, 31-37)
Aún
estando inmersos en la época de la comunicación, más de una vez tenemos la
sensación de vivir aislados, ensimismados en nosotros mismos como si fuésemos
“sordomudos de facto”. El que nos “resbale” lo que ocurre alrededor no es
compatible con el seguimiento de Cristo, para quien sí importan, le afectan, le
tocan el corazón los sufrimientos ajenos.
Al igual que al sordomudo, hoy Jesús nos dice “Effetá” como un revulsivo
para despertar de nuestro adormecimiento: ¡Ábrete… a la realidad…al prójimo…a
Dios!
(Fuente: Josep Giménez Meliá, SJ. “Evangelio Diario en la Compañía de Jesús”)
Lecturas de la Misa de este Domingo.
https://www.ciudadredonda.org/calendario-lecturas/evangelio-del-dia/?f=2021-09-05
jueves, 26 de agosto de 2021
75 AÑOS DE UNA CORONACIÓN
LAURA GALLARDO SAIZ en DIARIO DE NAVARRA
Para celebrar el 75 aniversario de la coronación de Santa
María la Real, la catedral de Pamplona ha decidido realizar diferentes actos
entre los que destaca una exposición que muestra todo el proceso que enmarca la
celebración
Hace 75 años Santa María la Real de Pamplona fue coronada
canónicamente. La catedral de Pamplona ha decidido homenajear este aniversario
exponiendo documentos inéditos sobre la celebración. El camino hasta la
coronación comenzó hace más de 100 años. Varios imprevistos y complicaciones
hicieron que se fuera retrasando cada vez más y la Virgen siguiera sin una
coronación canónica que se le daba a ciertas imágenes marianas para resaltar la
devoción hacia ellas, darles más dignidad y relevancia.
Para averiguar la historia completa de la coronación han
tenido que catalogar lo que ya había en el inventario del Archivo de la
catedral. “Hemos visto cómo se hizo, cuánto costó, qué consecuencias tuvo… Y lo
ponemos en valor. No solo queríamos recordar que se hizo, sino a través del
estudio que se ha hecho ponemos de relieve la magnitud de la celebración”,
cuenta el historiador.
Algunos de los documentos que pueden leerse en la exposición
son: el pergamino original que leyeron el día de la coronación, que tiene
ribetes de; o diferentes publicaciones que se han hecho sobre la coronación.
La historia de la coronación de Santa María la Real comenzó
en 1919, cuando propusieron coronarla en 1924, “fecha del noveno centenario del
regreso de la sede episcopal y de la imagen de Santa María la Real a Pamplona,
tras su estancia provisional en el Monasterio de Leyre, a donde se cree habían
sido trasladadas en el siglo IX ante las incursiones musulmanas en Pamplona”,
explica Ascorbe. No pudieron llevar a cabo este primer intento por dificultades
económicas que se agravaron en 1935 puesto que ese año entraron por la ventana
de la sacristía y robaron el tesoro de la catedral. “Se llevaron coronas,
cálices, relicarios, la arqueta de Leyre... Lo recuperaron todo en poco tiempo,
pero estaba hecho añicos, la corona la habían destrozado intentando sacar sus
piedras preciosas”, relata el archivero.
En los años 40 la situación mejora. A raíz del robo los
feligreses intentaron ayudar a compensar la profanación aportando dinero para
que se restauraran los objetos de culto. También se hizo propaganda que
consistió en cartelería, medallas, tarjetas de congresista, programas de mano o
estampas. Algunos de los artistas navarros más reconocidos de la época se
encargaron de ello, sobre todo Leocadio Muro Urriza y Pedro Lozano de Sotés.
Todo ello se encuentra expuesto y los carteles han sido restaurados para la
exposición, junto con los diseños inéditos de José Yárnoz Larrosa de las
reformas que se llevaron a cabo en 1946 para la llegada de la Virgen a la
catedral.
El cabildo decidió restaurar las joyas en 1943. “Yo
interpreto que al animarse a restaurarlas vuelven a retomar el proceso de
coronación”, narra el comisario de la exposición. De 1944 a 1946 se celebraron
congresos eucarísticos por diferentes zonas de Navarra, cuyo fin era fomentar
la eucaristía, luchar contra la blasfemia, por no cuidar los días festivos y
por la corrupción de los niños. Ya en septiembre de 1946 realizaron un congreso
eucarístico de toda la diócesis y solicitaron la coronación canónica a la Santa
Sede.
Esta coronación no siguió el esquema común de los ritos de
la iglesia católica, sino que se adaptó al ceremonial de la coronación de los
reyes de Navarra. “Ella es la Reina de Navarra”, afirma David Ascorbe. Tras ser
coronada, se le levantó sobre un escudo por doce ricoshomes, al igual que se
hacía con los reyes navarros.
Carlos Ayerra, deán de la catedral, define la exposición
como un recorrido desde “lo que fue, el deseo y el anhelo que se tenía de que
fuera coronada solemnemente, los preparativos que dispusieron a la gente para
que todo fuera posible; después el acto en sí, en el que las plazas de Príncipe
de Viana y la del Castillo se llenaron como no lo han vuelto a hacer, ni en
Sanfermines -bromea-; y la huella que ha dejado hasta hoy en Navarra”.
Los efectos de esta multitudinaria celebración calaron en la
población que renovó de alguna forma su devoción a la Virgen “porque se ponía
en relación con el sentimiento de pertenencia a Navarra, a sus fueros y a su
idiosincrasia particular dentro de España”, explica el historiador.
Ha dejado también su huella de forma física a través de
elementos como las piezas del tesoro de la catedral adquiridas por la
Diputación Foral a cambio de saldar la deuda del cabildo; la plaza Santa María
la Real, denominada así desde 1946; la placa conmemorativa en el lugar de la
coronación, en la Plaza del Castillo; la conmemoración anual de la coronación
de Santa María la Real a la que, hasta 2014, acudió ininterrumpidamente el
Gobierno de Navarra, entre otras. De todas ellas hay fotografías de época y
actuales en la exposición. También un vídeo que se grabó en 1946 y del que solo
queda la imagen puesto que el audio se perdió en un incendio.
La corona y el manto
Cuando ya fue coronada se le puso un manto blanco, fue
diseñado por el padre Gusi de la abadía de Montserrat y bordado por las
Adoratrices de Pamplona. En él pueden verse símbolos de la realeza como una
coronas o flores de lis. También lleva bordado el escudo de Navarra en su parte
inferior . El forro y la parte superior son de armiño, una piel de gran valor
que representa la riqueza de la nueva reina.
Sobre el terciopelo rojo la Virgen llevaba su ajuar: los
lazos, y algunos alfileres de oro y pendientes . “A ella no se le pueden poner
pendientes, así que no sé si antiguamente se le pondrían de alguna manera, pero
ya no se usan”, narra Carlos Ayerra. Estos se encuentran en una vitrina junto a
las coronas que llevaban en 1946 la Virgen y el niño.
Ambas coronas fueron robadas en 1935 y restauradas por los
joyeros Astráin en 1946. La corona del Niño está formada por 90 piezas, 44
tuercas, 172 esmeraldas y 194 diamantes. La de la Virgen consta de 321 piezas
unidas por 226 tuercas; lleva 596 esmeraldas y 1.372 diamantes. En su parte
delantera lleva una esmeralda de gran tamaño. “Es un relicario que también
robaron, al recuperarla el cabildo la quiso vender para cubrir gastos porque
era la más grande que había en Europa, pero no conseguían el valor que ellos
pedían así que se la pusieron a la Virgen”, relata.
Una última vitrina con joyas representa “el cariño, el amor
y la devoción de los feligreses navarros hacia la Virgen”, afirma el deán de la
catedral. En ella se encuentran una selección de los regalos que la gente ha
ido haciendo a la Virgen, aquello que ellos consideraban más valioso: relojes,
anillos, moneditas, rosarios, collares de perlas… Estos no se le colocan a
Santa María en el manto, sino que forman parte de su tesoro. Entre ellos
destacan, por una parte, un corazón de oro que entregó toda Navarra en 1953 con
un grabado en la parte trasera: “El corazón de Navarra en el corazón de María”.
Por otra, una carta de un feligrés que explica que el oro del reloj que entrega
no vale mucho, pero es lo que más aprecia y nunca lo vendría por eso se lo da a
la Virgen. En ella se puede leer: “La Virgen y el sagrario mis dos grandes
devociones ante las que y por su mediación siempre se han dado los sucesos más
importantes de mi vida”.
Dentro de los actos de conmemoración del 75 aniversario de
la coronación de Santa María la Real, ocurrida el 21 de septiembre de 1946, se
ha inaugurado una exposición en la Capilla Barbazana de la Catedral de
Pamplona. El resto de actos se llevarán a cabo en septiembre y consistirán en
la edición y presentación de un libro sobre la coronación de 1946 y las obras realizadas
en la Catedral ese mismo año, y dos charlas de dos reputados historiadores:
Alfredo Floristán Imízcoz sobre el ceremonial de coronación y Clara Fernández
Ladreda sobre la imagen de Santa María la Real.
En principio la exposición estará abierta hasta octubre.
“Nos gustaría prolongarla, pero donde está expuesta es una capilla y se
celebran bodas. La catedral prioriza el culto antes que nada así que la
prolongación va a depender de si hay bodas o no, si se pueden pasar el templo…
También dependerá del interés de la gente”, afirma David Ascorbe.
Puede visitarse accediendo al claustro de la Catedral de
lunes a sábado desde las 10:30 horas, último acceso y cierre de taquilla a las
18 horas. Cierre a las 19 horas (el desalojo de las salas comienza 15 minutos
antes del cierre).
IGLESIA NAVARRA.







