LAURA GALLARDO SAIZ en DIARIO DE NAVARRA
Para celebrar el 75 aniversario de la coronación de Santa
María la Real, la catedral de Pamplona ha decidido realizar diferentes actos
entre los que destaca una exposición que muestra todo el proceso que enmarca la
celebración
Hace 75 años Santa María la Real de Pamplona fue coronada
canónicamente. La catedral de Pamplona ha decidido homenajear este aniversario
exponiendo documentos inéditos sobre la celebración. El camino hasta la
coronación comenzó hace más de 100 años. Varios imprevistos y complicaciones
hicieron que se fuera retrasando cada vez más y la Virgen siguiera sin una
coronación canónica que se le daba a ciertas imágenes marianas para resaltar la
devoción hacia ellas, darles más dignidad y relevancia.
Para averiguar la historia completa de la coronación han
tenido que catalogar lo que ya había en el inventario del Archivo de la
catedral. “Hemos visto cómo se hizo, cuánto costó, qué consecuencias tuvo… Y lo
ponemos en valor. No solo queríamos recordar que se hizo, sino a través del
estudio que se ha hecho ponemos de relieve la magnitud de la celebración”,
cuenta el historiador.
Algunos de los documentos que pueden leerse en la exposición
son: el pergamino original que leyeron el día de la coronación, que tiene
ribetes de; o diferentes publicaciones que se han hecho sobre la coronación.
La historia de la coronación de Santa María la Real comenzó
en 1919, cuando propusieron coronarla en 1924, “fecha del noveno centenario del
regreso de la sede episcopal y de la imagen de Santa María la Real a Pamplona,
tras su estancia provisional en el Monasterio de Leyre, a donde se cree habían
sido trasladadas en el siglo IX ante las incursiones musulmanas en Pamplona”,
explica Ascorbe. No pudieron llevar a cabo este primer intento por dificultades
económicas que se agravaron en 1935 puesto que ese año entraron por la ventana
de la sacristía y robaron el tesoro de la catedral. “Se llevaron coronas,
cálices, relicarios, la arqueta de Leyre... Lo recuperaron todo en poco tiempo,
pero estaba hecho añicos, la corona la habían destrozado intentando sacar sus
piedras preciosas”, relata el archivero.
En los años 40 la situación mejora. A raíz del robo los
feligreses intentaron ayudar a compensar la profanación aportando dinero para
que se restauraran los objetos de culto. También se hizo propaganda que
consistió en cartelería, medallas, tarjetas de congresista, programas de mano o
estampas. Algunos de los artistas navarros más reconocidos de la época se
encargaron de ello, sobre todo Leocadio Muro Urriza y Pedro Lozano de Sotés.
Todo ello se encuentra expuesto y los carteles han sido restaurados para la
exposición, junto con los diseños inéditos de José Yárnoz Larrosa de las
reformas que se llevaron a cabo en 1946 para la llegada de la Virgen a la
catedral.
El cabildo decidió restaurar las joyas en 1943. “Yo
interpreto que al animarse a restaurarlas vuelven a retomar el proceso de
coronación”, narra el comisario de la exposición. De 1944 a 1946 se celebraron
congresos eucarísticos por diferentes zonas de Navarra, cuyo fin era fomentar
la eucaristía, luchar contra la blasfemia, por no cuidar los días festivos y
por la corrupción de los niños. Ya en septiembre de 1946 realizaron un congreso
eucarístico de toda la diócesis y solicitaron la coronación canónica a la Santa
Sede.
Esta coronación no siguió el esquema común de los ritos de
la iglesia católica, sino que se adaptó al ceremonial de la coronación de los
reyes de Navarra. “Ella es la Reina de Navarra”, afirma David Ascorbe. Tras ser
coronada, se le levantó sobre un escudo por doce ricoshomes, al igual que se
hacía con los reyes navarros.
Carlos Ayerra, deán de la catedral, define la exposición
como un recorrido desde “lo que fue, el deseo y el anhelo que se tenía de que
fuera coronada solemnemente, los preparativos que dispusieron a la gente para
que todo fuera posible; después el acto en sí, en el que las plazas de Príncipe
de Viana y la del Castillo se llenaron como no lo han vuelto a hacer, ni en
Sanfermines -bromea-; y la huella que ha dejado hasta hoy en Navarra”.
Los efectos de esta multitudinaria celebración calaron en la
población que renovó de alguna forma su devoción a la Virgen “porque se ponía
en relación con el sentimiento de pertenencia a Navarra, a sus fueros y a su
idiosincrasia particular dentro de España”, explica el historiador.
Ha dejado también su huella de forma física a través de
elementos como las piezas del tesoro de la catedral adquiridas por la
Diputación Foral a cambio de saldar la deuda del cabildo; la plaza Santa María
la Real, denominada así desde 1946; la placa conmemorativa en el lugar de la
coronación, en la Plaza del Castillo; la conmemoración anual de la coronación
de Santa María la Real a la que, hasta 2014, acudió ininterrumpidamente el
Gobierno de Navarra, entre otras. De todas ellas hay fotografías de época y
actuales en la exposición. También un vídeo que se grabó en 1946 y del que solo
queda la imagen puesto que el audio se perdió en un incendio.
La corona y el manto
Cuando ya fue coronada se le puso un manto blanco, fue
diseñado por el padre Gusi de la abadía de Montserrat y bordado por las
Adoratrices de Pamplona. En él pueden verse símbolos de la realeza como una
coronas o flores de lis. También lleva bordado el escudo de Navarra en su parte
inferior . El forro y la parte superior son de armiño, una piel de gran valor
que representa la riqueza de la nueva reina.
Sobre el terciopelo rojo la Virgen llevaba su ajuar: los
lazos, y algunos alfileres de oro y pendientes . “A ella no se le pueden poner
pendientes, así que no sé si antiguamente se le pondrían de alguna manera, pero
ya no se usan”, narra Carlos Ayerra. Estos se encuentran en una vitrina junto a
las coronas que llevaban en 1946 la Virgen y el niño.
Ambas coronas fueron robadas en 1935 y restauradas por los
joyeros Astráin en 1946. La corona del Niño está formada por 90 piezas, 44
tuercas, 172 esmeraldas y 194 diamantes. La de la Virgen consta de 321 piezas
unidas por 226 tuercas; lleva 596 esmeraldas y 1.372 diamantes. En su parte
delantera lleva una esmeralda de gran tamaño. “Es un relicario que también
robaron, al recuperarla el cabildo la quiso vender para cubrir gastos porque
era la más grande que había en Europa, pero no conseguían el valor que ellos
pedían así que se la pusieron a la Virgen”, relata.
Una última vitrina con joyas representa “el cariño, el amor
y la devoción de los feligreses navarros hacia la Virgen”, afirma el deán de la
catedral. En ella se encuentran una selección de los regalos que la gente ha
ido haciendo a la Virgen, aquello que ellos consideraban más valioso: relojes,
anillos, moneditas, rosarios, collares de perlas… Estos no se le colocan a
Santa María en el manto, sino que forman parte de su tesoro. Entre ellos
destacan, por una parte, un corazón de oro que entregó toda Navarra en 1953 con
un grabado en la parte trasera: “El corazón de Navarra en el corazón de María”.
Por otra, una carta de un feligrés que explica que el oro del reloj que entrega
no vale mucho, pero es lo que más aprecia y nunca lo vendría por eso se lo da a
la Virgen. En ella se puede leer: “La Virgen y el sagrario mis dos grandes
devociones ante las que y por su mediación siempre se han dado los sucesos más
importantes de mi vida”.
Dentro de los actos de conmemoración del 75 aniversario de
la coronación de Santa María la Real, ocurrida el 21 de septiembre de 1946, se
ha inaugurado una exposición en la Capilla Barbazana de la Catedral de
Pamplona. El resto de actos se llevarán a cabo en septiembre y consistirán en
la edición y presentación de un libro sobre la coronación de 1946 y las obras realizadas
en la Catedral ese mismo año, y dos charlas de dos reputados historiadores:
Alfredo Floristán Imízcoz sobre el ceremonial de coronación y Clara Fernández
Ladreda sobre la imagen de Santa María la Real.
En principio la exposición estará abierta hasta octubre.
“Nos gustaría prolongarla, pero donde está expuesta es una capilla y se
celebran bodas. La catedral prioriza el culto antes que nada así que la
prolongación va a depender de si hay bodas o no, si se pueden pasar el templo…
También dependerá del interés de la gente”, afirma David Ascorbe.
Puede visitarse accediendo al claustro de la Catedral de
lunes a sábado desde las 10:30 horas, último acceso y cierre de taquilla a las
18 horas. Cierre a las 19 horas (el desalojo de las salas comienza 15 minutos
antes del cierre).
IGLESIA NAVARRA.







